En
muchas organizaciones es muy común que ideas realmente distintas e
innovadoras con respecto a nuevas propuestas de valor, segmentos
diferentes de clientes, cambios a la cadena de valor u otros temas,
nunca se concreten en planes operativos debido a que dichas ideas chocan
de frente con los acuerdos y conceptos que los miembros de la alta
dirección tienen con respecto a la forma en la que el negocio debe
entenderse.
Estos paradigmas o modelos mentales están tan arraigados en
la forma de pensar y razonar de los directivos que incluso operan a un
nivel inconsciente, por lo cual resulta muy difícil su actualización,
aún cuando los cambios en el entorno ameriten un replanteamiento
profundo de dichos modelos mentales.
Es
por esto que es muy importante que los miembros de una organización
sean capaces de continuamente valorar la relevancia y validez de los
conceptos y suposiciones con los cuales la organización entiende,
interpreta y da significado a lo que sucede en el entorno y en los
mercados.
Cuántos
casos existen en los que una prueba piloto demuestra que usando un
nuevo enfoque para hacer las cosas se producen mejores resultados, sin
embargo, dado que ese nuevo enfoque está tan distante de lo normalmente
aceptado, la prueba piloto se queda en los archivos de pruebas del área
de nuevos productos o en la computadora de algún directivo. Lo anterior
se debe a que el nuevo enfoque entra en conflicto con las ideas y
conceptos adoptados por la organización a lo largo de los años, por lo
que resulta muy difícil identificarlos y menos aún cuestionarlos.
"Lo
que llevamos dentro de nuestras cabezas (en nuestras redes neuronales)
son innumerables conexiones entre imágenes, suposiciones, metáforas,
historias y novelas personales con las que interpretamos y damos sentido
al mundo que nos rodea".
Los
modelos mentales pueden ser simples generalizaciones como "lo único que
le importa al cliente es el precio" o pueden ser teorías holísticas y
complejas. Pero lo importante es que al final de cuentas, los modelos
mentales (que incluyen componentes emocionales) son los que van a
determinar nuestras acciones.
Si
dos personas viendo exactamente la misma escena o situación, perciben e
identifican detalles diferentes, imagina la percepción de miles de
consumidores sobre un producto o servicio; o la percepción sobre un
procedimiento, un proceso o una política de cientos de empleados.
Reflexiona un momento:
¿Qué suposiciones, paradigmas o modelos mentales compartidos en tu organización podrían ya estar obsoletos?
¿Los relacionados a los clientes, a la motivación del personal, a los proveedores, a la forma de operar?
Recuerda,
las acciones o la ejecución de estrategias que podemos ver, son solo la
punta del iceberg, lo importante es lo que NO se ve, y precisamente,
esos son los modelos mentales.
Piensa
por ejemplo en la industria automotriz o en la hotelería, ¿cuáles crees
que sean los modelos mentales más arraigados? ¿ y los qué nadie se
atreve a cuestionar?
Todo
directivo tiene una serie de sesgos, suposiciones y creencias acerca de
la industria o sector en el que participa, acerca de cómo se generan
utilidades, acerca de quiénes son clientes y competidores y quiénes no
lo son; acerca de lo que los clientes quieren y lo que no quieren, y así
sucesivamente. Todas estas creencias se deben en buena medida a la
historia y al ambiente del sector mismo en el que se participa. Sin
embargo, cuando las condiciones cambian drásticamente, las creencias de
los participantes que por lo general están muy arraigadas, pueden
convertirse en la peor amenaza para la supervivencia.
Así
pues, estas suposiciones y modelos mentales limitan lo que los
directivos de una organización perciben de la realidad a un solo pedazo
de ésta, por lo que muchas veces no logran ver lo que está afuera de
estos límites. Todo lo conocido y lo permitido se encuentra dentro de lo
que se ha acordado, muchos años de experiencia y aprendizaje han
construido estas barreras o límites, así es que es mucho más cómodo no
salir afuera a buscar algo.
Un
ejemplo claro de esto fue el comentario célebre de Thomas J. Watson
Presidente del Consejo de IBM que en 1943 dijo que veía un mercado
mundial de 5 computadoras personales; o en 1899 cuando el Director de la
oficina de patentes de EUA Charles Duell dijo que esa oficina debía
cerrar puesto que todo lo que se podía inventar ya había sido inventado.
Piensa por un momento en tu organización.
Aunque
cada gerente y directivo tenga estilos y gustos muy distintos, es muy
probable que sus modelos mentales y creencias básicas sean tremendamente
similares. Entre más formal sea el proceso de inducción y
adoctrinamiento, más cercanos serán los puntos de vista del personal.
Esto no quiere decir que la alineación de la organización hacia metas
comunes sea algo negativo, lo que pasa es que cuando todos piensan igual
entonces la realidad se filtra con el mismo lente y todos ven lo mismo.
Es el conocido efecto de pensamiento de grupo en donde todos tienden a
pensar igual ya que es mejor y más redituable el estar de acuerdo para
ser parte del grupo a pensar diferente con el riesgo de ser sacado de
éste. Por lo que cuidado con el refrán que dice
"Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho".
Así
pues, el problema es que con el tiempo, los modelos mentales
prevalecientes entre los directivos ya no se cuestionan y son la base de
todo tipo de definiciones, enfoques y decisiones, algunos ejemplos son:
Los límites del negocio. En qué negocio estamos, hacia dónde debemos crecer y cuál es la misión.
Debemos ver con claridad qué tanto estamos defendiendo la permanencia
en el negocio actual porque hemos invertido mucho en éste, contra las
oportunidades reales que presenta ya habiendo tomado en cuenta los
cambios inminentes en tecnologías, estilos de vida y otros.
La forma de presupuestar. Las herramientas analíticas usadas y los criterios y ponderaciones.
Los
sistemas de consecuencias. Los comportamientos observables que son
motivados y recompensados. Lo que se premia y lo que se castiga.
La planeación estratégica. Los tiempos, frecuencia, formas, información y tipos de análisis que son utilizados.
Los
sistemas de información. Qué tipo de información es recopilada, con qué
frecuencia y cómo y por quiénes es analizada y evaluada.
La
administración del conocimiento. Cómo se genera el aprendizaje
organizacional, solo mejorando las actividades y procesos, o
cuestionando de fondo las ideas y suposiciones acerca de la forma de
hacer las cosas.
Todo
lo anterior llega a formar parte de lo que la organización cree, está
convencida y por lo tanto deja de cuestionar; se olvida del por qué se
cree en lo que se cree. Los dogmas se transmiten sin ser cuestionados y
rara vez los directivos se detienen a pensar el por qué se comparte un
cierto punto de vista respecto a la competencia, la estrategia o los
mercados.
Tu organización debería periódicamente preguntarse:
- ¿Bajo qué condiciones se dio aquello en lo que hemos venido creyendo los últimos años?
- ¿Qué circunstancias nos hicieron seleccionar tal o cual punto de vista eliminando las otras posibles interpretaciones?
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