El nuevo papel de
las tecnologías en la Educación Superior, específicamente en lo relacionado con el mejoramiento de la
calidad, la pertinencia, la equidad y la cooperación, nos ofrecen una promesa
única de expandir la enseñanza para estudiantes presenciales, a distancia y con
discapacidad, así como para facilitar la comunicación entre investigadores y
profesores como nunca antes. Las aulas virtuales ya son consideradas por los
universitarios como instrumentos esenciales para la internacionalización y
contextualización, pues son un desarrollo intensivo de la sociabilidad en la
educación superior.
En los últimos
10 años de América Latina, observamos el nacimiento y primeros pasos de la
virtualización en la educación superior, hasta ir dando sólidos pasos que le
han permitido ser vista como sinónimo de nuevas posibilidades. Ahora lo fundamental y
el mayor reto es la representación digital de objetos, procesos y fenómenos del
mundo físico para llevarlos al plano académico a distancia y que éstos
mantengan la motivación y el atractivo que pudiera mantener el docente en su
plano físico. La clave es capacitarnos para manifestarnos en este nuevo espacio
que le es propio de esta modalidad y que
se ha denominado desde hace tiempo como el ciberespacio. Esto es cierto pues la
educación virtual se ubica en el tiempo y el espacio, lo que produce diferentes
combinaciones que dan lugar a distintas modalidades de educación virtual que
pueden articularse con la modalidad presencial-tradicional o desarrollarse en
forma autónoma.
Las comunidades
virtuales son como agrupamientos que han reproducido la sociabilidad y que ven en el ciberespacio y sus tecnologías como instrumentos
ideales para la comunicación. En las nuevas comunidades virtuales de
aprendizaje se promueve un paradigma interactivo de enseñanza y de
investigación que favorece la cooperación y la comunicación a niveles nunca
antes visto. Por esto la inversión y el fomento de la comunicación mediante los diversos dispositivos
y aplicaciones móviles, serán fundamentales en los próximos 10 años para
alcanzar virtualización universitaria, y de igual forma el empuje de las
comunidades virtuales de enseñanza serán las conductoras del aprendizaje
permanente en la educación superior.
En ese sentido, se
observa la creciente necesidad de que los responsables de la gestión
universitaria tomen mayor conciencia de esta oportunidad y asuman un mayor
protagonismo en el uso adecuado de la virtualidad en las labores diarias de
gestión, investigación y formación. Ya que aún quedan por desarrollar muchos
servicios de valor añadido en el área de los portales web de servicios, los
sistemas de información analítica, las plataformas de formación virtual, etc.
Me decía un
colega no relacionado con el mundo académico. “Ustedes lo que quieren es ahorrarse
unos cuartos y de seguro bajará la calidad te lo apuesto”. Obviamente no lo
pude convencer de lo contrario en ese momento, pero luego de investigar aquí abajo dejo un
análisis más detallado que entiendo si hubiera podido argumentar.
En primer orden
es más costoso diseñar y montar una maestría online que una presencial, y
muchísimo más aún si fuese una licenciatura que tomaría más del doble de tiempo
en concluirse, pues requeriría mucho
mayor carga tecnológica y más tiempo de preparación. Sin embargo, en nuestro
medio se tiene la percepción errónea de que es más económica en relación a los
costos. Las tendencias
mundiales señalan que las maestrías virtuales tienen costos más altos, ya que
se necesitan plataformas de banda ancha y personal adicional, entre otras
cosas, para poder dar las asesorías
permanentes.
Una de las
causas de principal resistencia entre los mismos gestores universitarios es el
prejuicio cultural según el cual la calidad de los programas virtuales es
inferior a la de los presenciales, y en segundo orden es el hecho de que estos
últimos suelen ofrecer doble titulación (con universidades extranjeras), lo que
los encarece y presiona los márgenes del punto de equilibrio para las
aperturas.
En lo que
respecta a los requisitos de los estudiantes, al menos tecnológicos, un
estudiante necesita, entre otras cosas, conexión a Internet de alta velocidad,
una computadora, preferiblemente con el más reciente sistema operativo;
programas de audio y video, un buen back up físico y virtual (Dropbox, por
ejemplo), audífonos y micrófonos, tableta, smartphone, software para
videoconferencias y un buen manejo de redes sociales, para estar en permanente
contacto con sus docentes y compañeros.
El mismo amigo
me decía también -Rafa las maestrías virtuales no son para todo el mundo. Quien
esté inscrito en una maestría virtual debe tener mucha disciplina y autocontrol
y yo no la tengo, ni la tuve en mi época estudiantil, ni la tendré nunca-. En
esto si estuve de acuerdo pues yo que participe en una experiencia a través de
una maestría semipresencial pude vivir en carne propia como es el estudiante que
se autogestiona literalmente todo, pues no tiene encima al profesor. Hay que
leer mucho, ver muchos videos instruccionales, escribir bien y tener facilidad
para expresar las ideas. También hay que saber trabajar en equipo para promover
el trabajo que surge de la comunicación virtual con los compañeros y con el
docente tutor. Es por esto que creo que no es para todo el mundo y queda
espacio para que ambos modelos puedan convivir, pues tendremos personas con
mayor aceptación y facilidad para la presencialidad y otras que pueden optar mucho
más fácilmente por la virtualidad.
Lo que dijo mi
amigo más arriba no deja de ser cierto en la imagen mental de muchos, aún se
piensa que la educación en línea tiene menos contenidos y que la dedicación que
se le debe brindar es menor que cuando se adelanta de manera presencial. Nada
más alejado de la realidad. Los contenidos de una maestría virtual no solo son
los mismos que los de una presencial, sino que además sus características
obligan a los estudiantes a una mayor disciplina desarrollando competencias en
la gestión del tiempo pues tienen que autogestionar el aprendizaje,
construyendo cimientos más sostenibles a largo plazo que los de construcción tradicional
en los que el docente simplemente les obsequia el conocimiento.
La mayoría de
los estudiantes de la generación X y Y están liderando los cambios en su rol desde
las aulas, los Milienials se adaptaron con extrema facilidad al nuevo
paradigma, sin embargo para los Z deberá ser la Educacion Virtual el nuevo
paradigma. Esta puerta abierta al futuro está representada aquí por estas
nuevas generaciones y su habilidad especial para el manejo de las nuevas
tecnologías de información y comunicación. La juventud es de por sí portadora
del futuro, al igual que las nuevas tecnologías que dominan con tanta
facilidad. Es cierto que todo adelanto
tecnológico genera desigualdades… y el desarrollo de Internet no es una
excepción, sobre todo por ser el complejo tecnológico dotado de mayor velocidad
de cambio e innovación y mayor diversidad de opciones de utilización y
aplicación en toda la historia de la humanidad pero es por esto justamente que
cambiar ya no es una opción, es una obligación.
Sigueme en Twitter: @RafaelVargas79